Cada noche digo tu nombre a la misma hora en que el viento comienza a mezclarse, levantando la tierra de las calles del pueblo.
En la cocina se van amontonando los platos sucios de cenas rancias, como tigres sagrados que revelan la cifra exacta de tu distancia: veintisiete días sin vos.
Aquí y ahora, colgado en la galería principal, hay un fantasma que sujeta tu carta mientras la luna se prende fuego, se acaban los chocolates y las televisoras cierran su transmisión.
es horrible decir el mismo nombre al acostarse y pronunciar el mismo al levantarse, eso día tras día...es como una religión antigua.
ResponderSuprimirAunque la ausencia se convierta en un ritual y las horas se desgasten, el dolor no aminora.
ResponderSuprimirBello y triste.
Besazo.
Estas ausencias de aquellas personitas con las que tanto anhelamos estar, se nos hace eterno el tiempo hasta llegar a estar junto a ellos ahhhhhhh las distancias.
ResponderSuprimirUn abrazo amiguito y feliz fin de semana.
Preciosa prosa. ahora sí repito: "Delicada, y poética".
ResponderSuprimirSaludos cordiales,
Hasta pronto. Siento mucha sensibilidad en tus palabras. un beso.
cada vez que pienso en vos?
ResponderSuprimirbesos
Me gusta mucho la fuerza que le das a las palabras. Cada una de ellas en el lugar exacto tiene una intensidad emotiva que no lo tiene de estar en otro sitio del texto.Ese es el arte del escritor. Excelente, amigo Fher. Abrazo
ResponderSuprimirEn cada letra logras ese efecto de poder "ver" lo que narras...sea de noche o aun siendo de dia, mientras el viento se mezcle, continua estas maravillosas "despedidas".
ResponderSuprimirUn beso enorme!
Te vas pisando los talones a vos mismo Fher. Te superás a cada cuento.
ResponderSuprimirMuy surrealista, mataría por ver a la luna prenderse fuego.
Excelente che, te felicito. La proligidad y la intensidad se unieron en este relato para darle vida al fin de una transmisión.
Cariños!
Fher, debes contratar un servicio de televisión de paga, de esos que nunca ponen barras de colores y repiten series viejas en las madrugadas.
ResponderSuprimirGran mini ficción, amigo.
Fher no está ausente quien está presente en uno.
ResponderSuprimirSaludos.
Gabriela
Tal vez las ausencias sólo sean un estado de ánimo, o una programación que se acaba a cierta hora, cierto día. O tal vez las ausencias sean no-presencias. O tal vez si el recuerdo permanece no se puede hablar de ausencias.Pero ay! como duelen sean lo que sean...
ResponderSuprimirBonito relato, me encantó, destilas nostalgia en cada frase.
Marian
Creo que es muy peligroso hacer rituales de situaciones a las que nunca nos deberíamos acostumbrar, pero también tengo que reconocer que puede ser una forma de amortiguar las consecuencias.
ResponderSuprimirUn abrazo.
John W.
Me recordó la carta y ajuste, de hace años en España.
ResponderSuprimirTu forma de escribir, me llena, me apasiona.
Sobre los rituales, dicen que si se piensa en positivo, se aran realidad lo que deseas.
Yo deseo lo que tú quieras que suceda.
Feliz fin de semana.
...Por el ARCO IRIS de tu televisión....ENTRÓ LA MAGIA. Hay una tortilla de patata (para siete)en la mesa. Tus amigos llevan el vino y dicen que se encargan de los platos sucios por un día (ya sabes como son los amigos). La cocinera se conforma con la belleza de tus palabras.
ResponderSuprimirBesos
El reloj marco el fin del camino de un televidente. Un abrazo.
ResponderSuprimirSaber decir adiós,ya no recordar, pero la memoria nos juega en contra, más aún si seguimos en el mismo lugar.
ResponderSuprimirQue linda poesía Fernando,gracias y hasta pronto.
ayyyyyyyyy Fer...
ResponderSuprimirAbrazo apretadito.
:)
Robas suspiros,
ResponderSuprimirsolo eso.
Cuidate.
Beso
Hola, Fher! No sabía que habías regresado a tus despedidas :)
ResponderSuprimirMe da gusto.
Un abrazo.
Dicen por ahí que muchas veces el dolor nos hace sentir vivos, pero también no es menos cierto que mucho dolor puede llevarnos a confesarnos con nosotros mismos y con los demás.
ResponderSuprimirUn abrazo amigo
Aquí nos tienes: colgados dolorosamente de tus ausencias... Como apéndices de ti.
ResponderSuprimirUn abrazo, Fher.
las espirales son espirales las. espero encuentre pronto un camino compañero.
ResponderSuprimirun abrazo que queme
fher...
ResponderSuprimirtus letras... me llegan como una plegaría antigua... muy conocida... y triste!!
gracias amigo querido... a veces te leo y me encuentro!
hermosos días!!!
beso!!!
Tú recreas una semántica entera de la ausencia, a través de cada relato, y lo mejor es que le das nuevos rostros y ángulos, a través de esos detalles que constituyen la existencia...
ResponderSuprimirBeso y mis mejores deseos para ti.
Esas sensaciones, uf, esas sensaciones, son como una ensalada mental y generan mucha quietud. Somos una persona aparente, un cuerpo, dos brazos, dos piernas, una cabeza, pero falta algo, quizá alma o corazón…algo.
ResponderSuprimirPero es cierto el final de tu escrito, cuando se acaban los chocolates y se termina la programación de la tv…ciertamente, uno se siente más que solo…más solo que la soledad anterior.
Un abrazo!
El peso de la soledad es real cuando las sábanas evocan tiempos de sueños compartidos.
ResponderSuprimirSean buenas tus lunas, Fher.
Ya sé que pasar dos veces por el mismo post es demasiada glotonería de mi parte... pero era imperante... sólo quiero decirle que se le extraña, desde aquí y desde otros espacios cibernéticos comunes.
ResponderSuprimirUn beso azul.
Querido amigo...
ResponderSuprimirAlguien dijo:
"No llores porque se acabó...Sonríe porque sucedió"...
Que los bellos momentos superen a la despedida, es imperioso porque es como saber perdonar (o perdonarse), uno se siente bien cuando saca de adentro la ofensa y se llena de belleza...
Un beso
Adriana
Son duras las ausencias... y más cuando se vuelven costumbres rutinarias...
ResponderSuprimirMe encantó el texto, me sumo a tu blog. Un saludo.