
Es extraño, tu perfume sutil ilumina esas noches que ya no son para mi. Es martes y hay sol. Bajo la espuma aparece un mundo de silencios que se gastan ante el primer arribo del ocaso. Recuerdo la noche que aprendí a cocinar en tu boca y a rezar en tus tobillos que olían a Chanel.
El centro de la marejada me llama en una ola, en dos nubes, en tres gaviotas. ¿Y si la arena fuera yo? ¿Y si ya no hubiera tiempo para nosotros?
Hoy he decidido dejar de escribirte. Hoy asesiné el último párrafo de tus cristales contra mi espalda.




